La bestia interior espera
Dying Light: The Beast lanza a los jugadores de nuevo en los zapatos de Kyle Crane, ahora un híbrido torturado de hombre y monstruo. Ambientado en los inquietantes Castor Woods, esta expansión independiente profundiza las brutales raíces de horror de supervivencia de la franquicia con una nueva narrativa, poderes mejorados y encuentros aún más viciosos.
Una evolución salvaje de la supervivencia
La transformación de Crane añade una dualidad emocionante a la jugabilidad de Dying Light: The Beast—equilibrando la agilidad humana con la rabia bestial. El combate es gloriosamente brutal, ofreciendo derribos devastadores y habilidades monstruosas. La exploración diurna sigue siendo tensa y gratificante, mientras que la noche aún desata un terror implacable. La variedad de biomas en Castor Woods mantiene el mundo abierto sintiéndose fresco e impredecible.
El cooperativo para 4 jugadores añade un inmenso valor de rejugabilidad, permitiendo a los amigos experimentar cada encuentro grotesco juntos con progresión compartida. La travesía en vehículos y el parkour en primera persona siguen siendo fluidos y emocionantes. Sin embargo, la forma bestial puede ocasionalmente eclipsar el sigilo o la estrategia, empujando algunos momentos hacia una acción exagerada en lugar de un horror suspense.
Abrace al monstruo
Dying Light: The Beast es un capítulo audaz y visceral en la serie que amplifica todo lo que los fans aman. Con poderes mejorados, una historia apasionante de venganza y gráficos de próxima generación, es un juego imprescindible para los buscadores de emociones que anhelan acción brutal y horror de supervivencia en igual medida.










